sábado, 24 de mayo de 2014

La ventana

Catedral de Murcia. Nocturno

Plaza de Santo Domingo. Murcia

La puerta

El pintor y el cofre

Paula

1º Premio Certamen de Pintura Molina de Segura

domingo, 18 de abril de 2010

lunes, 9 de noviembre de 2009

2º Premio Concurso Pintura Urbanismo Murcia


En la foto aparecen mi amigo Jose Fernando Mellado 1º Premio y el pintor Angel Haro que fue parte del jurado...pinté la plaza Belluga en Murcia, lo que más destaca en este cuadro es la luz. Un premio que no esperaba la verdad, esos son los mejor recibidos. Muchas gracias.

domingo, 18 de octubre de 2009

Seleccionado certamen pintura Aranda de Duero


Este sábado he estado en Aranda de Duero, qué frío que hacía,de los 18º de Murcia a -2º . Me hizo mucha gracia la diferencia entre las gentes del norte y el sur, aquí abajo lo primero que te preguntan es cuanto vale (vayan o no a comprarlo) o tienes al niño urgando en las pinturas, jejeje. Allí son más correctos y guardan un poco las distancias aunque con mucha amabilidad.
Coincidí con algunos pintores y uno de ellos comentaba que cuanto estaba pintando algunas personas le echaban dinero,me contaba extrañado,jajaja...la próxima vez pongo la gorra.
70 participantes de muchísima calidad, un premio estar entre los seleccionados.
Me bajo muy contento con la experiencia y también con el cuadro que me gusta mucho.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Seleccionado concurso pintura rápida de Murcia,St María de Gracia


Lo que más me gusta de este cuadro es la intención, un poco cansado ya de hacer cuadros sin vida en pintura rápida...me lancé un poco a la aventura de hacer algo más personal, quería mostrar un poco lo que es la juventud en un ciudad y qué mejor lugar que un parque de skate. Quizá le falte fuerza al dibujo,quizá a la pintura pero seguro tiene algo que otras de mis pinturas no tienen.

domingo, 16 de agosto de 2009

El hombre sin sueños


Se ganaba la vida de una manera poco común. Su oficio consistía en dormir. Dormía para unos caprichosos científicos que le pagaban por ello. El Centro, en donde vivía, era un edificio gris a las afueras de la ciudad como un hospital de varias plantas, con laboratorios, pacientes, animales, estudiantes. Era muy popular en su trabajo, todo el mundo le sonreía y las chicas lo miraban de arriba abajo. No podía tocar a las estudiantes, pero le daba igual, tampoco salir al exterior, era lo que decía su contrato. Un complejo e invisible sistema de vigilancia, microchips internos incluidos, daba cuenta a sus jefes de todos sus movimientos. Mientras, día tras día, su cuenta bancaria engordaba, y él tocándose las narices todo el día. Su única ocupación era dormir en La Máquina. La cavidad que le acogía era estrecha, completamente oscura cuando se cerraba, tenía un sinfín de contactos desagradables para su piel, sobre todo en su cabeza afeitada al cero, completamente cubierta de ventosas y cables, y muy fría. Los médicos bajaban la temperatura de su cuerpo a 20ºC, una semihibernación. Él se introducía cada noche sin ropa, permaneciendo en su interior de ocho a nueve horas. El resto de la jornada le estaba prohibido, incluso, la más pequeña de las siestas. Los científicos querían todos los sueños para La Máquina, que ocupaba con sus pantallas, ordenadores y circuitos, fuentes de alimentación y personal la totalidad de la última planta. Fuera de ese período de obligación lo trataban a cuerpo de rey. Tenía a su disposición jardines, piscina, sauna, biblioteca, salón audovisual… hasta un pequeño bar, con billar, donde recibía a sus visitas personales.
El durmiente poseía capacidades inconcebibles para la gente corriente. Jamás tenía pesadillas, sólo imágenes e historias agradables. Le era posible elegir el contenido de sus sueños y dirigir los desenlaces de sus aventuras a su antojo. Sabía despertar cuando quería y volver al mismo sueño. Podría viajar a cualquier sitio y poseer a cualquier mujer. En sueños era Dios, creador y dueño de los destinos.
Un buen día, malo para sus jefes, el profesional del sueño se levantó con gripe. Eso le libraría de La Máquina por lo menos durante una semana. En esas condiciones era imposible someterlo a un descenso de la temperatura corporal. Los científicos rabiaron, patearon, hablaron de pérdidas cuantiosas, pero tuvieron que consentir, no querían matar a su gallina de los huevos de oro, que una mala pulmonía los dejara sin experimento.
“Ahora sí, ahora si puedo descansar de La Máquina, y dormir cuanto y como yo quiera”, se decía eufórico nuestro amigo. Eran ya dos largos años sin poder adoptar su postura favorita: En el suelo, desnudo, sentado sobre sus nalgas, con la cabeza gacha entre las rodillas, abrazando sus piernas. Sin ningún tipo de horario. Viajando a otros mundos, sin que nadie lo molestara. Ya despertaría él cuando los virus gripales se hubieran aburrido.
Nadie pudo despertarlo jamás, ni saber en que maravilloso mundo andaría. Día tras día, pese a la alimentación artificial, su carne se consumía y si no lo ataban volvía a convertirse en un ovillo. Todo fue inútil, ni drogas, ni cirugía, fue imposible volverlo al estado de vigilia. Esperamos que despierte antes de morir. Debe ser muy desagradable despertar y darse cuenta uno de que se lo están comiendo los gusanos.
Escrito por Enrique Ciller